Ciudad de México. – Las tragedias que sobrevinieron a los sismos ocurridos el 19 de septiembre de 1985 y en la misma fecha de 2017 provocaron un cambio profundo en la manera en la que se piensa la Ciudad de México.

Dos años después del sismo de magnitud 8.1 y epicentro frente a las costas de Michoacán que azotó a la capital del país en 1985, se publicaron una serie de normas complementarias para la construcción, tomando en cuenta el suelo lacustre sobre el que se construyó la ciudad y sus características.

La aplicación de nuevos estudios, como el espectro de sitio diseñado por Heberto Castillo y el cual se hizo obligatorio a partir de 1987 para los edificios de más de dos niveles, permitió que los inmuebles construidos a partir de esa época se adaptaran mejor al tipo de suelo sobre el que se construyen.

La utilidad de estas normas se demostró 30 años más tarde, cuando el 19 de septiembre de 2017 otro movimiento telúrico, este de magnitud 7.1 pero con un epicentro más cercano, entre Puebla y Morelos, derribó solo 38 inmuebles. En contraste, en 1985 colapsaron 412 edificios, según registros oficiales.

Escuelas más seguras

Aunque menos, detrás de cada edificio colapsado ocurrieron decenas de dramas humanos. Uno de los más recordados es el de la escuela Enrique Rébsamen, donde fallecieron 26 personas, 19 de ellas alumnos de la institución educativa, según datos reportados al Congreso de la Ciudad de México.

Esto llevó a una reflexión profunda y en 2020 se publicaron nuevas Normas Técnicas Complementarias para hacer aún más seguras las construcciones recientes. Entre estas reglas se encuentra el Diseño por Sismo, en el cual se exigen pruebas sobre la dinámica del suelo, tanto si existieron movimientos telúricos previos como en previsión de sismos futuros.

En el caso de las escuelas, las normas se hicieron aún más fuertes. De acuerdo con el sitio Resiliencia, publicado por la Universidad Nacional Autónoma de México, las instituciones de educación cuentan con tres evaluaciones, incluyendo una intermedia, ante la duda de alguna fractura, y la profunda, cuando se busca probar su estabilidad estructural.

El sitio remarca que, en caso de necesitar una rehabilitación, las escuelas pueden ser reforzadas con viguería de acero, muros de concreto y fortaleciendo la cimentación.

“Estamos viviendo en una ciudad multiamenaza. Cada día hay 30 a 40 sismos pequeños, medianos, dentro de la Ciudad, por lo que tenemos que estar preparados para cuando suceda algo de mayor intensidad”, señaló Myriam Urzúa, secretaria de Protección Civil de la capital, en declaraciones ofrecidas a N+.

Si bien no se puede saber cuándo temblará con fuerza nuevamente, reforzar y mejorar las construcciones sí puede hacer que los daños provocados por la naturaleza sean menores.

Fuente: Tribuna