Ciudad de México.- Era el 19 de septiembre de 2017. El arquitecto Benjamín Romano, con casi 50 años de carrera y creador de la Torre Reforma, considerada el mejor rascacielos del mundo, se encontraba en sus oficinas de la Torre Chapultepec, de la Ciudad de México, desde donde pudo apreciar la destrucción provocada por el sismo que sacudió a la capital del país. El evento le hizo recordar a su mentor.
“En el 2017 me tocó estar aquí arriba y yo veía las humaredas de los edificios que se cayeron y dije muy emocionado: ‘Heberto Castillo no se puede dar cuenta del beneficio que
hizo con sus normas complementarias”.
“La Ciudad de México se va a mover, pero no nada más la Ciudad de México, toda la meseta: Morelia, Querétaro. Las capas tectónicas se están empujando y el continente se está moviendo, no lo podemos evitar ni tú ni yo; lo que sí podemos hacer es lo que hizo Heberto: prepararnos para eso”, explica, en entrevista exclusiva para TRIBUNA CAPITAL.
Tras el trágico sismo de 1985, el ingeniero Heberto Castillo desarrolló un concepto innovador que permitió un crecimiento vertical ordenado, comprendiendo las características del suelo en el que se encuentra.
En el 85 se cayeron 412 edificios. En el 2017 se cayeron 38. Eso quiere decir que hemos venido mejorando el parque inmobiliario. En 2017 se cayeron muchos edificios que debieron caerse en el 85, cuando aún no se habían hecho espectros de sitio”, explicó.
Un descubrimiento histórico
Romano recuerda con cariño a su mentor, considerado también uno de los ingenieros más importantes a nivel global, con quien trabajó por 24 años. Uno de los pasajes que marcó su vida ocurrió precisamente horas después del sismo de 1985
“Cuando pasó el temblor del 85, Heberto Castillo era diputado y apenas se pudo comunicar conmigo me dijo: ‘Benjamín necesito que me consigas una fotografía aérea de la Ciudad de México y un plano de Tenochtitlán’”.
Entonces, emocionadísimo, Heberto Castillo empezó a sobreponer la fotografía aérea con los planos que llevé de las calzadas de Tenochtitlán, se emocionó como si fuera un niño chiquito y dijo: ‘yo sabía que tenía razón’”, recuerda el arquitecto.
El descubrimiento de Castillo fue fundamental: los edificios de la moderna Ciudad de México estaban asentados en el territorio irregular del islote de Tenochtitlán, por lo que algunos cayeron producto del movimiento telúrico, que provocó el asentamiento del suelo del lago.
“De ahí él sacó un concepto que se llama espectro de sitio. Heberto lo que decía es que no todos los terrenos se portan igual, porque el fondo del lago no es una mesa de billar, tiene montañitas, tiene valles debajo del lodo.
“Él impuso que para cualquier estructura mayor a dos niveles se hiciera un espectro de sitio, para entender cómo se mueve ese lote en particular. Hoy la gran mayoría de los edificios hacen espectros de sitio, es parte de la norma”, concluye.
Fuente: Tribuna
