Ciudad de México.- Molestias como reflujo, dispepsia, acidez o saciedad temprana suelen relacionarse con gastritis o indigestión, pero también pueden ser una manifestación inicial del cáncer de estómago. La doctora Daniela Shveid Gerson, especialista en oncología médica del Centro Médico ABC, advirtió que la diferencia suele estar en la persistencia, la frecuencia y la evolución de los síntomas.

La especialista subraya que no se trata de caer en alarmismo ni de intentar un autodiagnóstico, sino de reconocer cuándo una molestia digestiva deja de parecer un episodio común y requiere valoración médica. En especial, cuando no mejora con medidas habituales o reaparece de forma constante.

¿Por qué el cáncer de estómago puede parecer una molestia digestiva común?

En sus etapas iniciales, el cáncer gástrico puede provocar señales sutiles e inespecíficas porque la mucosa del estómago responde de manera similar ante distintos tipos de irritación. Por eso, una lesión tumoral temprana puede generar síntomas muy parecidos a los de un problema digestivo convencional.

  • Pesadez o saciedad temprana, por alteraciones en la motilidad gástrica.
  • Ardor o acidez, por el contacto del ácido gástrico con zonas inflamadas o sensibles.
  • Malestar abdominal difuso, similar al que producen gases o alimentos irritantes.

Debido a que la gastritis, el reflujo gastroesofágico y las dispepsias funcionales son frecuentes, muchas personas asumen que el malestar se resolverá con antiácidos o cambios en la dieta. El problema, explicó la fuente, es cuando las molestias persisten pese a esos tratamientos convencionales.

Síntomas que deben vigilarse y señales de alarma

Aunque tener uno o varios de estos síntomas no significa por sí mismo un diagnóstico de cáncer de estómago, sí son datos que ameritan atención si duran semanas o se intensifican.

  • Indigestión o dispepsia persistente: llenarse rápido al comer, ardor en la boca del estómago o eructos frecuentes.
  • Dificultad o dolor al tragar (disfagia): sensación de que la comida se atora al bajar.
  • Náuseas continuas o vómitos: sobre todo si son repetidos o presentan restos hemáticos.
  • Dolor abdominal vago en el epigastrio: molestia por encima del ombligo, tipo sorda o cólico intermitente, sin relación clara con un alimento.

Cuando la enfermedad avanza, pueden aparecer otras señales sistémicas que requieren una evaluación médica más completa:

  • Pérdida de peso involuntaria sin cambios en dieta o actividad física.
  • Falta de apetito o saciedad extrema con pequeñas porciones.
  • Anemia o fatiga crónica, asociadas a pérdidas microscópicas de sangre.
  • Heces oscuras o alquitranadas (melena), que pueden indicar sangrado en el tracto digestivo superior.

Cuándo acudir al especialista y qué factores aumentan el riesgo

La recomendación es consultar con un gastroenterólogo si las molestias digestivas duran más de dos o tres semanas consecutivas, si reaparecen al suspender antiácidos o si se combinan con otros signos como pérdida de peso involuntaria.

También conviene buscar atención médica cuando existen antecedentes familiares directos de cáncer de estómago o infecciones no tratadas por Helicobacter pylori, considerado el principal factor de riesgo modificable para desarrollar lesiones gástricas profundas.

Entre los factores de riesgo conocidos también están la combinación de elementos genéticos, ambientales y de estilo de vida, así como una alimentación con consumo elevado de alimentos salados, ahumados o en salmuera. Un diagnóstico oportuno permite detectar alteraciones en etapas en las que los tratamientos pueden ser más eficaces.

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Fuente: Tribuna