Ciudad de México.- En el camino‘, elegida por la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas para representar a México rumbo al Óscar 2027, encuentra su fuerza no sólo en una historia de deseo entre hombres, sino en la manera en que David Pablos convierte el universo trailero del norte en un ecosistema de soledad y erotismo.

Pablos sitúa el encuentro entre Veneno, un joven que sobrevive usando su cuerpo, y Muñeco, un trailero habituado a jornadas extenuantes y al silencio. Ambos se reconocen desde la necesidad de afecto, mientras carreteras, privación del sueño y consumo de sustancias marcan el tiempo sobre el desierto.

La carga sexual no funciona como un recurso provocador. En una película donde los hombres apenas verbalizan lo que sienten, los cuerpos terminan hablando por ellos. El deseo convive con rudeza, homofobia y peligro, pero también con una necesidad de compañía que Pablos encuentra en los márgenes. “Me gusta voltear a estos lugares donde la mayoría de la gente no pone atención”, explica.

 

Santos, vírgenes, cruces y estampas religiosas conviven con el neón, la grasa de los talleres, el polvo y las luces de los tráileres. La fotografía de Ximena Amann contrapone la inmensidad del desierto con cabinas y bares que encierran a personajes condenados a mantenerse en movimiento.

Pablos recurrió a actores naturales porque, dice, “sus rostros están marcados por un entorno”. La decisión aporta fisicidad y refuerza la textura de ese mundo. Gran parte del rodaje ocurrió en Ciudad Juárez, incorporando al relato una frontera que forma parte de sus personajes.

Producida por Diego Luna y La Corriente del Golfo, entre otros, En el camino llega a la carrera por el Óscar tras ganar Orizzonti en Venecia y el Queer Lion. Pablos no convierte el norte en postal: encuentra en sus carreteras un espacio donde fe, violencia, drogas, deseo y machismo conviven en el mismo cuerpo.

 

Fuente: Tribuna