Ciudad de México.- Las escoltas escolares de educación básica en la Ciudad de México ya no serán integradas únicamente por alumnos de alto rendimiento. A partir del ciclo escolar 2026-2027, que inicia el próximo lunes 31 de agosto, la Secretaría de Educación Pública (SEP) autorizó que estudiantes de todos los promedios puedan portar la bandera nacional en las ceremonias cívicas.
Durante décadas, la escolta escolar en la educación básica de la Ciudad de México operó bajo una lógica meritocrática inflexible: Un honor cívico reservado casi en exclusiva para los promedios de 10. Sin embargo, las directrices oficiales que promueven escoltas rotatorias e inclusivas entre todo el alumnado han abierto una discusión necesaria sobre la equidad, los estímulos académicos y la función real de los símbolos patrios en el aula.
Para el profesor Rey David Cruz Velasco, exdirector general de formación de docentes de educación básica y media superior en la Comisión Nacional para la Mejora Continua de la Educación, esta medida plantea un cambio de paradigma indispensable en la experiencia escolar.
Es una decisión correcta desde el punto de vista afectivo, emocional y, por supuesto, de la equidad y la inclusión. La bandera es de todos, no solo de los más sobresalientes”, enfatiza el especialista, señalando que los símbolos nacionales deben representar cohesión comunitaria y no un privilegio individual.
Desde la perspectiva pedagógica, el esquema tradicional reproducía una dinámica social arraigada en la lógica del premio y el castigo. Al respecto, el académico sostiene que la portación del pabellón funcionaba como un estímulo externo y artificial para el rendimiento. Para los alumnos destacados, señala, la verdadera motivación debe residir en el valor intrínseco del conocimiento y en el reto de resolver problemas cotidianos, mientras que el reconocimiento académico formal se mantiene intacto a través de las evaluaciones.
Asimismo, la flexibilidad en los protocolos busca “desesclerotizar” una cultura escolar profundamente rígida. La intervención de la autoridad educativa no solo altera un trámite administrativo, sino que abre la puerta para que los planteles cuestionen y debatan otros ritos tradicionales, tales como el formato de las asambleas, la formación en filas o la disciplina punitiva.
Frente a las dudas sobre el posible rechazo, desinterés o temor al hostigamiento entre pares al integrar a estudiantes no destacados o con menor rendimiento, Cruz Velasco subraya la importancia del acompañamiento docente y la sensibilidad de los colectivos escolares.
La participación no debe imponerse como un castigo ni generar exposición innecesaria, recordando que “la escolta no es lo único que hay en la escuela para generar participación, motivación y valores patrios”. El reto para los planteles será gestionar este proceso para que la inclusión se consolide como un ejercicio democrático de pertenencia.
Fuente: Tribuna
