Ciudad de México.- Las lluvias registradas durante los últimos meses han permitido una recuperación en los niveles de almacenamiento de diversos embalses de México, de acuerdo con especialistas en gestión hídrica. Sin embargo, advierten que el repunte representa un alivio temporal ante los problemas estructurales que enfrenta el país.

La Comisión Nacional del Agua (Conagua) ha documentado incrementos en los volúmenes de agua de presas ubicadas en distintas regiones. Las precipitaciones han beneficiado principalmente a estados como Durango y Zacatecas, así como a zonas de la cuenca del río Bravo.

Esta recuperación ha permitido mejorar el acceso al agua en municipios que durante los últimos meses enfrentaron condiciones de sequía y restricciones en el suministro. No obstante, especialistas consideran que las lluvias por sí solas no resuelven el déficit acumulado durante años.

¿Por qué la recuperación de las presas no es suficiente?

Uno de los principales desafíos se encuentra en el consumo agrícola, que concentra entre 75 y 80 por ciento del agua disponible en el país. Los sistemas de riego tradicionales pueden generar pérdidas importantes por evaporación y filtraciones no controladas.

A esto se suma la limitada infraestructura para captar y almacenar agua de lluvia. Ciudades como Ciudad de México, Puebla y Toluca mantienen una fuerte dependencia de acuíferos que presentan distintos niveles de sobreexplotación.

¿Qué se necesita para aprovechar mejor el agua de lluvia?

Especialistas señalan que también es necesario ampliar las plantas de tratamiento para reutilizar aguas residuales y reducir la presión sobre las fuentes naturales. La infraestructura existente resulta insuficiente frente a las necesidades de distintas regiones del país.

Otro problema es que la recarga de los acuíferos ocurre a una velocidad menor que la extracción en zonas con alta demanda. Por ello, los especialistas advierten que las precipitaciones intensas o puntuales no garantizan una recuperación sostenible de las reservas subterráneas.

Entre las alternativas planteadas se encuentra la modernización de los sistemas de riego mediante tecnologías como el goteo y la microaspersión. Proyectos piloto desarrollados en Hidalgo y Tlaxcala han registrado reducciones de hasta 40 por ciento en el consumo de agua.

La gestión del río Bravo también representa un factor relevante para el norte de México, debido a los compromisos establecidos con Estados Unidos para la distribución de agua en cuencas compartidas. Las condiciones de lluvia y los acuerdos internacionales influyen en la disponibilidad del recurso.

Investigadores recomiendan ampliar los sistemas de captación o cosecha de agua tanto en zonas urbanas como rurales. Proyectos piloto en Ciudad de México, Cuernavaca y otros municipios han mostrado que la captación en azoteas y superficies permeables puede reducir la presión sobre los acuíferos.

Aunque las lluvias han dado un respiro a las presas mexicanas, especialistas coinciden en que el país requiere una estrategia de largo plazo que combine ahorro, infraestructura, tratamiento, captación y modernización del campo para garantizar la disponibilidad de agua frente a ciclos de lluvia cada vez más irregulares.

Fuente: Tribuna