Ciudad de México. — Los mercados de antigüedades de la Ciudad de México son puntos de encuentro para coleccionistas, decoradores y visitantes que buscan piezas únicas. Muebles, cámaras, discos, joyería, juguetes, libros y objetos cotidianos permiten recorrer distintas épocas mientras se conocen barrios tradicionales de la capital.

La principal referencia es el tianguis dominical de La Lagunilla, considerado el más grande de su tipo en la ciudad. Se instala en el barrio de Morelos y combina antigüedades, ropa vintage, arte, artículos de colección, comida y música. Su atractivo no se limita a las compras: el recorrido permite acercarse a una de las zonas comerciales con mayor historia de la CDMX.

En la colonia Juárez, Plaza del Ángel reúne anticuarios especializados en muebles, pintura, escultura, porcelana, cristalería y joyería. Aunque los locales operan durante la semana, el sábado es el día de mayor actividad, cuando se suman más comerciantes y aumenta la variedad de piezas. Los domingos permanece cerrada.

Otro punto conocido es el Jardín Dr. Ignacio Chávez, donde los sábados se ofrecen libros, monedas, discos, cámaras, juguetes y objetos de diferentes décadas. Su cercanía con las colonias Roma y Doctores permite incorporarlo a una ruta que también puede extenderse hacia el Centro Histórico.

Al sur de la capital, el Mercado de Portales destaca por sus muebles usados, herramientas, objetos decorativos y artículos de colección. A diferencia de los espacios especializados, aquí parte de la experiencia consiste en explorar, comparar y negociar entre mercancías de procedencias y valores distintos.

Estos mercados atraen porque combinan comercio, memoria urbana y vida barrial. Cada visita es diferente: la oferta depende de las piezas disponibles y de los vendedores que se instalan ese día. Para los turistas, representan una forma de conocer la ciudad a través de su diseño, cultura popular y costumbres domésticas.

La búsqueda de objetos vintage y piezas irrepetibles ha renovado el interés por estos espacios. Antes de comprar, conviene revisar materiales, marcas, restauraciones y condiciones generales, además de preguntar por la procedencia y comparar precios.

Más que lugares de compraventa, los mercados de antigüedades funcionan como archivos abiertos de la capital. Entre fotografías, vajillas, muebles y discos, la CDMX convierte su memoria material en una experiencia turística que se renueva cada semana.

Fuente: Tribuna