Ciudad de México.- La ropa de segunda mano atraviesa un nuevo momento de popularidad en la Ciudad de México. En redes sociales se multiplican los recorridos por tianguis, los hallazgos vintage y las prendas transformadas mediante upcycling, mientras las campañas contra el fast fashion invitan a comprar menos y prolongar la vida de lo que ya existe.

Detrás de ese discurso contemporáneo hay una práctica mucho más antigua. En México, comprar ropa usada, heredarla, repararla, intercambiarla y negociar su precio no comenzó con la moda sostenible. Forma parte de una cultura popular construida alrededor de los mercados, el comercio callejero y los tianguis.

La palabra tianguis proviene del náhuatl tianquiztli y significa mercado. Desde la época prehispánica, estos espacios han funcionado como puntos de intercambio económico y lugares de encuentro entre comunidades, productores y compradores.

En la capital, esa tradición sobrevivió a la transformación urbana y se mantiene en mercados sobre ruedas distribuidos por las 16 alcaldías. Por ello, el renovado interés por los tianguis no puede explicarse únicamente como una consecuencia de la conciencia ambiental.

La paca ocupa un lugar central en este sistema. El término describe un gran fardo de ropa compactada para facilitar su almacenamiento, traslado y comercialización. Puede contener prendas usadas, devoluciones de tiendas, excedentes de inventario, mercancía fuera de temporada o artículos nuevos con algún defecto.

No todas las pacas son iguales

Los lotes pueden clasificarse por calidad, tipo de prenda, temporada o nivel de selección. Algunos llegan prácticamente sin revisar; otros pasan antes por intermediarios que separan las piezas más atractivas y revenden el resto. De ahí surge una de las escenas características del tianguis: montones de ropa extendidos sobre lonas, rodeados por compradores que revisan pieza por pieza en busca de una chamarra, un pantalón o una prenda de marca.

Una chamarra encontrada en un tianguis puede ser lavada, reparada, fotografiada y posteriormente ofrecida como pieza vintage en una tienda o cuenta de redes sociales a un precio considerablemente mayor. El objeto es el mismo, pero la selección, la presentación y el relato alrededor de él modifican su valor.

Este proceso también evidencia una diferencia social. Durante años, la ropa de paca estuvo estigmatizada por relacionarse con la necesidad económica. Ahora, algunas de esas mismas prendas se promocionan como exclusivas, sustentables o auténticas cuando aparecen en bazares especializados de colonias céntricas.

El nuevo interés por la segunda mano coincide con una preocupación creciente por los residuos textiles y los efectos de la producción acelerada de ropa. Comprar una prenda usada puede prolongar su vida y reducir la necesidad inmediata de fabricar otra. El upcycling agrega una posibilidad más: Intervenir una pieza existente para darle un nuevo uso o aumentar su valor.

Comprar usado, sin embargo, no vuelve sostenible cualquier adquisición. Llevarse varias prendas sólo porque cuestan poco puede reproducir el mismo consumo impulsivo asociado con el fast fashion. La circularidad ocurre cuando una pieza realmente vuelve a utilizarse durante un periodo considerable, no únicamente cuando cambia de propietario.

La ropa de paca también puede incluir artículos de baja calidad producidos originalmente por cadenas de moda rápida. Su reventa extiende temporalmente su uso, pero no elimina los problemas de sobreproducción, poca durabilidad y contaminación relacionados con su fabricación.

Dónde buscar ropa de paca en la CDMX

  • La Búfalo: Domingos sobre Río Becerra, en Álvaro Obregón. Destaca por sus pacas, ropa deportiva, tenis y prendas para reventa.
  • San Felipe de Jesús: Domingos en Gustavo A. Madero. Uno de los tianguis más extensos de la ciudad, con ropa usada, calzado y artículos de todo tipo.
  • La Lagunilla: Los domingos reúne ropa vintage, accesorios, antigüedades y prendas previamente seleccionadas. Los precios pueden ser más altos que en una paca sin curaduría.
  • Tepito: Concentra mercados, locales y puestos de ropa, tenis y accesorios. Conviene comparar precios y preguntar por la procedencia de los productos.
  • El Salado: Se instala los miércoles en Santa Martha Acatitla. Es conocido por sus pacas, precios bajos y actividad desde las primeras horas del día.

Los horarios, recorridos y ubicaciones de algunos puestos pueden cambiar, por lo que conviene verificar antes de acudir.

Qué revisar antes de comprar

  • Buscar manchas, agujeros, desgaste o reparaciones.
  • Revisar cierres, botones, forros, bolsillos, cuellos, puños y axilas.
  • Llevar medidas propias y no confiar únicamente en la talla de la etiqueta.
  • Considerar el costo de lavado, tintorería o compostura.
  • Preguntar cuándo se abrió la paca y si habrá remates.
  • No asumir que “americana”, “vintage” o “de marca” significa original.
  • Fijar un presupuesto y evitar comprar sólo porque es barato.
  • Lavar o desinfectar las prendas antes de utilizarlas.

El auge actual no marca el nacimiento del tianguis, sino su incorporación a una conversación global que durante mucho tiempo ignoró las formas populares de prolongar la vida de las cosas.

Ahora aparecen en videos de recomendaciones, rutas vintage y campañas de consumo consciente, pero su permanencia no depende de las tendencias. Los tianguis han sobrevivido porque son espacios de abastecimiento, convivencia, negociación y trabajo profundamente integrados a la vida cotidiana de la ciudad. Mucho antes de que reutilizar se convirtiera en una consigna ambiental, en sus pasillos ya se encontraba valor en aquello que alguien más había dejado atrás.

Fuente: Tribuna