Ciudad de México.- Cada fin de semana, la explanada del Palacio de Bellas Artes cambia de ritmo. Entre turistas, familias y aficionados que cruzan el Centro Histórico, cientos de personas se reúnen con sobres, álbumes y montones de estampas repetidas para intercambiar, comprar o vender las figuras que aún les faltan del álbum oficial del Mundial 2026.

La escena se ha convertido en una tradición durante la Copa del Mundo. Niños sentados en el piso revisan listas marcadas con pluma, adultos cargan carpetas repletas de estampas clasificadas por selección y coleccionistas experimentados negocian las piezas más difíciles de conseguir. Aunque algunos pagan por las figuras más cotizadas, la mayoría sigue respetando la regla no escrita que ha acompañado esta afición por décadas: cambiar una estampa por otra.

Durante un recorrido realizado por Tribuna Capital en el Centro Histórico, previo al partido entre México e Inglaterra, fue posible conversar con aficionados que llegaron desde distintos puntos de la capital con un solo objetivo: completar su álbum antes de que concluya el Mundial.

Entre ellos estaba Eduardo, vecino de Azcapotzalco, quien acudió acompañado de sus hijos, de siete y ocho años. Mientras los pequeños revisaban cuidadosamente los números que aún les faltaban, contó que comenzó a coleccionar estampas de la mano de su padre y que ahora vive esa misma experiencia con una nueva generación.

Mi papá me traía a cambiar estampas cuando yo era niño. Ahora soy yo quien trae a mis hijos y lo disfrutan igual que yo hace años. Eso es lo más bonito del álbum”, comentó mientras buscaba las últimas figuras de la selección mexicana.

La historia se repite en decenas de familias. Más allá del valor de cada estampa, el álbum se ha convertido en un pretexto para convivir entre generaciones, enseñar a negociar, compartir y conocer personas con la misma afición.

La tradición tiene más de medio siglo. La editorial italiana Panini publicó su primer álbum de una Copa del Mundo con México 1970, precisamente el primer mundial organizado en territorio mexicano. Desde entonces, cada edición del torneo ha estado acompañada por un nuevo álbum que ha pasado de venderse en puestos de periódicos a plataformas digitales y tiendas especializadas, sin perder el ritual de abrir sobres e intercambiar estampas.

Con el paso de los años, el fenómeno también ha evolucionado. Hoy existen aplicaciones para registrar las estampas repetidas, grupos en redes sociales y comunidades organizadas que anuncian puntos de intercambio cada fin de semana. Sin embargo, los encuentros presenciales siguen siendo el corazón de esta tradición.

Mientras el Mundial entra en su recta final, en la explanada de Bellas Artes todavía hay otra competencia en marcha: la de encontrar esa última estampa que permita cerrar el álbum. Para muchos, completar la colección no representa únicamente terminar un libro de figuras; significa conservar un recuerdo que, como el futbol, suele heredarse de padres a hijos.

La última estampa: Así viven los coleccionistas la recta final del Mundial en la CDMX

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Fuente: Tribuna