Ciudad de México.- Aunque Estados Unidos (EU) concentra la mayor parte de los partidos y el mayor volumen económico del Mundial 2026, México podría ser el país donde el torneo tenga un efecto proporcionalmente más visible sobre la economía, especialmente en sectores como turismo, hospedaje, gastronomía, comercio, transporte y servicios.
La diferencia está en la escala. Mientras Estados Unidos recibirá 78 partidos y FIFA estima para ese país un impacto de 17,200 millones de dólares en Producto Interno Bruto (PIB) y 30,500 millones de dólares en producción económica, México tiene únicamente 13 encuentros programados. Sin embargo, por el peso que el turismo y los servicios tienen dentro de su economía, diversos análisis proyectan que el Mundial 2026 podría aportar entre 0.1 por ciento y 0.2 por ciento al crecimiento del PIB mexicano, frente a un efecto cercano a 0.05 por ciento para Estados Unidos.
Bajo ese contexto, la derrama reportada al cierre de la fase de grupos adquiere mayor relevancia. La Confederación de Cámaras Nacionales de Comercio, Servicios y Turismo (Concanaco-Servytur) estimó que las primeras dos semanas del torneo dejaron en México alrededor de 1,000 millones de dólares, equivalentes a 17,500 millones de pesos, cifra retomada por la Secretaría de Turismo del Gobierno de México en sus canales oficiales.
El monto representa cerca del 27 por ciento de la proyección nacional de 65 mil millones de pesos que Concanaco prevé para todo el Mundial 2026 en México. La estimación contempla el gasto asociado a partidos, hospedaje, restaurantes, bares, transporte, comercios, entretenimiento, festivales de aficionados, servicios turísticos y consumo relacionado con la actividad mundialista en Ciudad de México (CDMX), Guadalajara y Monterrey.
El comparativo con Canadá también muestra diferencias. A diferencia de Estados Unidos, donde existen estimaciones amplias de impacto económico nacional, y de México, donde Concanaco ha presentado una proyección de derrama, en Canadá las cifras públicas se han concentrado más en costos de organización, gasto público y beneficios locales en Vancouver y Toronto. Reportes recientes estiman que Canadá gastará más de 1,000 millones de dólares canadienses para coorganizar el torneo, mientras que FIFA ha proyectado un impulso económico cercano a 3,800 millones de dólares canadienses, incluido un aumento de 2,000 millones en PIB.
En México, la derrama no se limita a la hotelería tradicional. Plataformas como Airbnb forman parte del ecosistema de hospedaje que ha absorbido parte de la demanda durante el torneo. La empresa reportó que las ciudades sede mexicanas se ubicaron entre las opciones más accesibles del Mundial, con un costo promedio menor a 1,080 pesos por persona por noche, lo que permitió a visitantes nacionales e internacionales alojarse fuera de los corredores hoteleros convencionales.
Este comportamiento distribuye parte del gasto hacia colonias con alta oferta de alojamiento temporal, donde los visitantes consumen en cafeterías, mercados, restaurantes, supermercados, servicios de movilidad y comercios de barrio. En la Ciudad de México, esa dinámica se suma al movimiento registrado en zonas turísticas y de convivencia mundialista como Paseo de la Reforma, Centro Histórico, Roma, Condesa, Juárez, Polanco y Coyoacán.
El calendario mexicano también marca una nueva etapa. Guadalajara y Monterrey ya concluyeron sus partidos programados, mientras que la Ciudad de México todavía conserva actividad en la fase de eliminación directa. La final no se jugará en la capital mexicana, sino en Nueva York/Nueva Jersey, pero los próximos encuentros en CDMX mantienen abierta la posibilidad de ampliar la derrama local durante las siguientes semanas.
La lectura económica, sin embargo, requiere matices. Especialistas han advertido que la derrama no equivale necesariamente a riqueza nueva para el país, pues una parte del consumo corresponde a gasto que se redirige hacia actividades relacionadas con el torneo. Aun así, el Mundial sí genera un impulso temporal en sectores estratégicos y una exposición internacional que puede convertirse en turismo recurrente si las ciudades sede logran capitalizarla después del campeonato.
Con menos partidos que Estados Unidos y una escala económica menor, México no compite por volumen absoluto. Su oportunidad está en el impacto relativo: que cada peso gastado durante el Mundial pese más en el turismo, el comercio y los servicios. La fase de grupos ya dejó una cuarta parte de la derrama prevista; el reto para la Ciudad de México será sostener ese impulso durante la eliminación directa.
Fuente: Tribuna
